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sábado, octubre 24, 2020

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63 años del primer satélite artificial, el Sputnik

El 1 de octubre de 1957, Radio Moscú Internacional anunciaba la frecuencia que deberían sintonizar los ciudadanos soviéticos en sus receptores. Lo que escucharian iba ser el sonido proveniente de un objeto ruso en el Espacio. Solo tres días después, hace 63 años, el Sputnik, una pequeña esfera metálica de 83 kg de peso orbitaba la Tierra emitiendo un “bip-bip” característico que se haría mundialmente famoso. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas había humillado a los Estados Unidos con la primera victoria en el área espacial.

El lanzamiento se realizó desde una plataforma secreta ubicada en una extensa área del Ministerio de Defensa de la Unión Soviética. Este lugar es el que más tarde recibiría el nombre de Cosmódromo de Baikonur. El satélite describía una órbita elíptica con un apogeo de 947 kilómetros. Enviaba señales a 20,005 y 40,002 MHz, que pudieron ser sintonizadas por cualquier radio aficionado en cualquier parte del mundo durante 4 semanas. Luego de 1.440 vueltas y 92 días en órbita el 4 de enero de 1958, el Sputnik se precipitó a la tierra.

Sputnik-1: el primer satélite del mundo (vista despiezada) Lanzamiento: 4 de octubre de 1957, masa: 83,6 kg. Se presurizó Sputnik-1 (se llenó con nitrógeno) en un recipiente esférico con un diámetro de 580 mm. [2007-04 (C) Seiji Yoshimoto]

El Sputnik, «compañero de viaje»

La noticia apareció en los titulares de todo el mundo y el 5 de octubre de 1957 The New York Times abría su edición del sábado con un titular de tres líneas en ancho de página. La nota contaba con un esquema gráfico de la órbita aproximada del satélite. Tanto en el título como en el pie de la ilustración subrayaba que el aparato sobrevolaba el cielo de los EE UU quince veces al día. El Sputnik, que en ruso significa «compañero de viaje», escribió la primera página de la lucha por la conquista del espacio.

La noticia perseguía la atención en el campo científico por que la mayoría de los detalles eran tecnicos. Pero ya estábamos en plena guerra fría y pesaba más la inevitable connotación política, estratégica y militar. No había que ser un experto periodista para exteriorizar temores sobre los fines que podía tener el nuevo artefacto que merodeaba sus cabezas. Icluso los que tenian a su alcance un telescopio, decian haber visto el Sputnik. Los rusos han sido los primeros en darle al planeta una luna artificial.

Unidad de fuente de alimentación del Sputnik-1 que consta de 3 baterías de plata-zinc (la caja más grande en Sputnik-1) [2007-04 (C) Seiji Yoshimoto]

Para los estadounidenses, los soviéticos eran tecnológicamente limitados, pero el lanzamiento de un misil balístico intercontinental R-7, les quitó de golpe esa sensación. Incluso a los mismos rusos. El cohete que se uso para poner en orbita el satelite excedía por mucho en sus capacidades para el proposito. Es que como se sabe, los militares querían un monstruo capaz de lanzar una pesada cabeza termonuclear sobre los EEUU. Según una encuesta de Cid Gallup realizada en octubre de 1957, 7 de cada 10 estadounidenses creían seriamente que sus días estaban contados.

El liberal-capitalista o el social-comunista.

El periodismo científico es lo que hoy, gracias al impulso que obtuvo desde hace 63 años con el debate que pusieron en juego los medios de comunicación. El liberal-capitalista o el social-comunista. Cada logro científico que se suscitaba por un lado o el otro ponía a lucir las capacidades científicas de cada uno. El Sputnik despertó el interés del periodismo científico por todo el mundo.

Circuito eléctrico del Radiotransmisor D-200 (centro), e interruptores térmicos del sistema de control térmico DTK-34 (arriba y abajo). [2007-04 (C) Seiji Yoshimoto]

Los norteamericanos no pudieron disimular su frustración por no ser los primeros en poner en órbita un satélite artificial. Sin embargo, pero esto sirvió de mecha para la revolución que luego los llevaría a ganar la carrera espacial. A 51 años del Apolo XI, podemos decir abiertamente que el primer satélite artificial marcó un antes y un después en la historia científica. Definitivamente cambió nuestra percepción del mundo al abrirnos las puertas hacia el espacio. Hoy nos cuesta creer que antes del Sputnik, 63 años atrás, las alturas por encima de lo que vuela un avión no estaban en el dominio de los seres humanos.

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