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martes, octubre 27, 2020

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La historia del Señor de la Soledad

Hace mucho tiempo cuando la ciudad de Huaraz no pasaba de ser un pequeño villorio (Población pequeña y poco urbanizada). El Barrio de “La Soledad” no era más que un campo desolado, cubierto de pasto y malezas.

El lugar era pantanoso y había una miserable choza, y en ella vivía una viejecita campesina. A diario, por las mañanas y a veces por las tardes, salía a la campiña a recoger pasto fresco para alimentar a los numerosos cuyes y conejos que criaba para sustentarse. El pasto fresco y tierno abundaba en la orillas de la laguna.

Una tarde en el instante en que las campanas de la catedral sonaban dando el ángelus, la anciana salió en busca de forraje. Encontró, como nunca, las orillas mustias. Sin embargo percibió un penetrante y delicado perfume de azucenas. No reparo en el agradable olor, porque todo su pensamiento estaba en el pasto. Para hallar Hierbas lozanas aparto unas matas y cuan inmenso sería su asombro, cuando al separar las ramas encontró entre los tallos y florecillas silvestres a cristo crucificado de cuyo cuerpo emergía el exquisito perfume.

La sorprendida anciana cayó de rodillas. Después de rezar, corrió al pueblo a comunicar la bella novedad. Entonces los habitantes acudieron al lugar y hallaron al oloroso Crucifico. Con alegría sin límites, lo condujeron en procesión a la vieja iglesia, donde fue colocado en una urna especial.

 

 

Pero sucedió que al día siguiente desapareció. Las personas corrieron a la “Soledad”, y allí lo encontraron. Así, todos los días el santo cristo era llevado a la catedral, y todas las noches él retornaba a las orillas de la laguna.

Una mañana la anciana al hallar al Cristo Crucificado entre las verdes plantas, le dijo por qué no quería estar en la iglesia del pueblo. Y él respondió que estaba muy cansado de caminar todas las noches hasta las riberas porque allí le agradaba estar, y que por eso quería que en ese sitio le construyeran un templo. La viejita transmitió el encargo del Señor. Entonces, primero levantaron una ermita donde fue colocada la imagen. Y como el lugar era solitario y triste, el Señor fue llamado: “El Señor de la Soledad”.

Con el discurrir del tiempo, fue construida una iglesia en cuyos aledaños los pobladores levantaron sus casas. La laguna se secó, y en el centro de su lecho fue erigido el Altar Mayor en cuya urna fue depositada la imagen. El Señor, tiene así bajo su custodia a las aguas que son las de un volcán.

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